Viernes 04 de mayo de 2012 | 02:10

Al señor Julio Humberto Grondona:
Disculpe que comience esta carta con un recuerdo
personal. De todas maneras trataré de ser breve, a la espera de que la
lea hasta el final. La última vez que la Argentina ganó un mundial de
fútbol yo tenía once años. Me acuerdo de haber visto el segundo gol de
Maradona a Inglaterra sentado en el piso de la habitación de mis padres,
frente al televisor de catorce pulgadas, la imagen corriendo en
silencio y la radio sintonizada en el relato de Víctor Hugo Morales.
Hay una generación entera a la que le cuesta asociar la camiseta argentina con alguna escena estimulante
Yo sé que no debe ser fácil mantenerse ahí arriba, como
usted lo viene haciendo desde 1979, cuando fue elegido como presidente
de la AFA. Incluso me cae hasta simpático ese gesto de llevar en el
meñique de la mano izquierda ese anillo de sello con la leyenda "Todo
pasa". ¿Quién no entendería que ocupando un lugar como ése haya
cosechado en todo este tiempo algunos enemigos? Hay otras personas que
podrán discutir con más argumentos si hizo bien o no en firmar ese
contrato millonario con el Estado para trasmitir los partidos por
televisión y así tapar los descalabros financieros de los clubes. Y
otras mejor preparadas que yo para determinar si su gestión tiene o no
que ver con la situación lamentable en la que está hundido el fútbol
local, una de las ligas donde se juega el peor fútbol del mundo. Mi
humilde contribución tiene que ver con la propuesta de reiniciar el
sistema operativo de la selección argentina y encarar una nueva manera
de pensar y entender el fútbol. No somos pocos los que estamos hartos de
los golpes de magia del héroe de turno, los que nos acostumbramos a
perder pero no nos resignamos a dejar de creer que un partido de fútbol
puede ser un espectáculo que proporcione cierto placer estético.
Nos acostumbramos a perder
pero no nos resignamos a dejar de creer que un partido de fútbol puede
ser un espectáculo que proporcione cierto placer estético
En fin, que esta carta se está haciendo larga y no
llego al centro del asunto: fuimos millones los que el jueves pasado nos
agarramos la cabeza cuando Josep Guardiola anunció su retiro de la dirección técnica del Fútbol Club Barcelona.
Pero al mismo tiempo algunos argentinos supimos encontrarle el lado
positivo a la noticia. ¿O acaso no es Guardiola el técnico ideal para
llevar a la Argentina al próximo mundial? Hay al menos tres razones que
lo demuestran: está acostumbrado a administrar los egos de las estrellas
y a obligarlos a jugar para el beneficio del equipo; es más catalán que
los calçots, la fideuá y la sardana, por lo que es improbable que vaya a
dirigir a la selección española; y, finalmente, es quien más conoce y
mejor hizo jugar a Lionel Messi, esa carta marcada con la que contamos
para el Mundial del 2014 en Brasil.No se nos escapa que la selección ya tiene director técnico. Pero con todo el respeto que Alejandro Sabella y mis amigos platenses me merecen, prefiero que el seleccionado se parezca más al Barcelona, al Manchester United o al Bayern Munich que a Estudiantes de la Plata. En fin, señor Grondona, que si no se le había ocurrido hacer ese llamado, tal vez sea hora de agarrar el teléfono, no sea cosa que algún otro país nos gane de mano. Yo le aseguro que si logra convencer a Guardiola se ganará la simpatía de miles de argentinos, e incluso puede que muchos de ellos decidan mirar para otro lado si a usted le vienen ganas de seguir siendo el presidente de la AFA por cinco, diez o quince años más..
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